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Cómo prevenir la ceguera por presión ocular

Fecha de publicación: 10/03/2017
Prevención

En el Día Mundial del Glaucoma te contamos qué es y cómo se manifiesta.

El Día Mundial del Glaucoma tiene como objetivo generar una conciencia colectiva con respecto a las enfermedades oculares progresivas y hacer hincapié en la importancia de su detección temprana. La ceguera provocada por el glaucoma podría evitarse mediante la detección a tiempo y el tratamiento adecuado.

En la actualidad el glaucoma es la segunda causa común de ceguera, existiendo actualmente unas 4 millones de personas afectadas. Es una enfermedad ocular crónica que conlleva una pérdida de visión progresiva e irreversible; se desarrolla cuando la disminución del drenaje del humor acuoso (líquido fabricado en forma constante) a través de la red trabecular del ojo produce aumento de presión ocular. Si no se trata, este exceso de presión ocular daña el nervio óptico, causando ceguera.

Los expertos han aprovechado este día para recordar que el mejor tratamiento contra el glaucoma es la detención precoz, por lo que recomiendan realizar revisiones periódicas.
Por lo general no presenta síntomas, pero produce daño al nervio óptico con pérdida de la visión en forma gradual o súbita. Afecta mayormente a personas mayores de 40 años, con algún familiar cercano portador de la enfermedad. En muchas ocasiones se cree que el glaucoma es un problema de salud propio de los adultos mayores, lo cierto es que el glaucoma puede aparecer a edades tempranas.
Las personas en riesgo son quienes tienen padres o familiares con la misma afección. Los dolores de cabeza pueden tener su origen en este trastorno.

El glaucoma ¿cómo se manifiesta?

No produce ninguna molestia. En sus primeras etapas, el glaucoma lesiona las fibras periféricas del nervio óptico. Una fibra perdida es un trocito de retina que ha quedado ciego, pero dado que se encuentra muy en la periferia y que su inicio y evolución son muy lentos, la persona no lo nota. Esto sucede porque nuestro campo visual es muy grande y no tenemos plena conciencia de sus límites, y por ello, instintivamente, nos acostumbramos a girar la cabeza y los ojos para suplir estas pérdidas.