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Una mirada a la Cardiología

Fecha de publicación: 30/08/2016
Varios

El Dr. Daniel Mercado, nuevo Jefe del Servicio de Cardiología, se presenta y nos brinda su apreciación sobre los nuevos desafíos de la especialidad.

En esta primera entrega, deseo expresar mi agradecimiento al personal del Sanatorio del Salvador, por la recepción que me han dado, y la posibilidad que me otorgan, de  poder integrar este honorable grupo de trabajo, consagrado  a la salud.

           Desde el Servicio de Cardiología nos dedicamos a las Enfermedades Cardiovasculares (ECV),  las que pueden definirse como un grupo de alteraciones del corazón y de los vasos sanguíneos (Organización Mundial de la Salud). Ello implica un amplio número de afecciones, cuyo abordaje necesitan, fundamentalmente, de una acción conjunta con otras especialidades de la medicina, es decir, un  manejo multidisciplinario,  que asegure una comprensión amplia de los fenómenos patológicos, para poder ser estudiados,  hasta lograr elaborar un tratamiento racional de los mismos. Además, debemos considerar aspectos de promoción de la salud y prevención de aquellas enfermedades.

           Esta mirada de la Cardiología, es parte de la apertura de la Medicina en general, fenómeno cíclico al cual llegamos, luego de muchos años de pensamientos estancos, en que cada especialidad médica tenía su propio campo, el cual, a su vez, adquiría cada vez más jerarquía, justificando un entrenamiento particular para cada grupo de afecciones (Subespecialidades).

           La Cardiología no es sólo lo que percibimos a través de nuestro estetoscopio.
           Con un pensamiento holístico, debemos asumir que la ECV es tan amplia como la medicina misma, y exige  un análisis responsable, con una visión cada vez más global, que nos permita seleccionar  caminos  adecuados para  resolver cada problema que enfrentamos; momento en el cual sí debemos apelar a recursos más específicos. 

           Esto reflota la necesidad de contar con una Cardiología General, preponderante, que coordine acciones, que aporte observaciones amplias de las ECV, para generar estrategias de manejo universales, destinadas a grandes poblaciones.  Y sólo como consecuencia de ello, surgirán necesidades más específicas, que deberán ser abordadas  y resueltas con mayor atención, y que  obligan a ciertas especializaciones de la Cardiología, descartando así un proceso inverso de razonamiento.

           Esto se compatibiliza mediante actitudes que, necesariamente deben incluir una formación global del Médico Cardiólogo que contemple una compleja interacción de factores  epidemiológicos, sociales, económicos, culturales, profesionales y tecnológicos. El resultado lógico es una oferta de servicio, adecuada a las necesidades de la población, en un momento y en un lugar dados (política sanitaria).

            A lo largo de la historia, se ha asumido que éstas  u otras visiones similares,  asegurarían un control y erradicación de las ECV. Lejos de haber alcanzado esta meta, hoy, siglo XXI,  ellas representan la  primera  causa de mortalidad mundial. Esto denota la importancia de los factores determinantes mencionados. Su interacción es casi tan compleja como su comprensión. Es imprescindible aplicar el sentido común para detectar los errores y aprender de los mismos, para tender a alcanzar  tan ansiado objetivo.   

            Lo que debe persistir, como instancia superadora, es la ACTITUD PROFESIONAL ante tanta  dispersión de situaciones. Ello implica, como mínimo:

  1. Entender la ECV  como una Enfermedad Crónica no Transmisible, con dependencia en permanentes cambios sociales, económicos y epidemiológicos.
  2. Conocer y ponderar los nuevos adelantos diagnósticos y terapéuticos, dándoles su justo valor.
  3. Formar recursos humanos en Cardiología, abiertos a entender esta  temática general, predispuestos a adoptar y ejecutar conductas amplias,   como agentes de servicio, como  investigadores básicos y clínicos, como docentes, y como sujetos críticos de la medicina basada en la evidencia.
  4. Comprender los mecanismos de la problemática, para instrumentar medidas profilácticas efectivas en todos sus aspectos.
  5. Comunicar a la población las implicancias y consecuencias de las enfermedades cardiovasculares, para inducir su respuesta activa, entendiendo la comunicación como un proceso de ida y vuelta.

         Pareciera ser éste  el camino correcto para poder satisfacer el derecho que tienen las personas,  tanto a la promoción de la salud, como a la prevención y al tratamiento de sus enfermedades.   

*Por Dr. Daniel Mercado, Jefe del Servicio de Cardiología del Sanatorio del Salvador.