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De lunar a melanoma

Fecha de publicación: 07/09/2015
Prevención

Desde el Servicio de Dermatología del Sanatorio, el Dr. Rodriguez Crespo nos brinda recomendaciones para cuidar nuestra piel y nos enseña cuáles son los signos de alerta que hay que tener en cuenta.

El lunar o Nevus Benigno es una acumulación de células pigmentarias que aparecen en la piel a modo de mancha. En los adultos podemos encontrar alrededor de 20 a 25 manchas pigmentadas en el cuerpo, aunque su número depende de factores hereditarios, de las exposiciones al sol y de ciertos factores que las favorecen como por ejemplo, el embarazo.
El tamaño, color y forma de los lunares es variable en función de su localización y modo de aparición. Casi siempre son benignos pero cualquier modificación de su aspecto puede ser el primer signo de un melanoma maligno.
Un lunar se considera sospechoso cuando: 

  • Aumenta su tamaño.
  • Cambia de color.
  • Cambia de forma.
  • Provoca picor o dolor.
  • Presenta costras o sangra.

¿Qué es un melanoma?

Un melanoma es un tipo de cáncer de piel que se desarrolla cuando las células llamadas melanocitos se convierten en malignas.
Puede surgir espontáneamente o bien sobre un lunar que se modifica. Generalmente se produce en adultos, aunque puede, ocasionalmente, encontrarse en niños.
Las personas de riesgo o más susceptibles de desarrollar melanomas son aquellas que:

  • Tienen antecedentes familiares de melanomas.
  • Ya han tenido un melanoma en el pasado.
  • Tienen un gran número de lunares 
  • Se queman fácilmente al sol o se broncean muy poco (piel clara, pecas y ojos claros).
  • Tienen antecedentes de quemaduras solares importantes.
  • Trabajan o realizan actividades frecuentes al aire libre.

Consejos de su dermatólogo para protegerse del sol

Antes de tomar sol:

Debemos tener la piel correctamente hidratada y limpia. Hay que evitar el uso de productos que contengan alcohol y perfumes ya que pueden dar lugar a manchas oscuras en la piel. Es importante conocer nuestro tipo de piel y elegir en consecuencia el protector solar adecuado.
Media hora antes de la exposición hay que aplicar el producto abundantemente sobre la piel seca.


Durante la exposición al sol:
Hay que evitar tomar sol entre las 12 y las 16 horas. Debemos tener en cuenta que el agua y la arena reflejan los rayos solares aumentando los efectos sobre la piel, por lo que pueden producirse quemaduras incluso a la sombra. En las primeras horas de exposición debemos emplear una protección más alta y seguir protegiéndose aun después de que la piel esté bronceada.
Además hay que extremar las precauciones en las partes más sensibles del cuerpo, como son la cara, cuello, escote, orejas, empeine y calva, sin olvidar proteger también los ojos con gafas de sol y los labios.
Es preciso utilizar protección incluso en días nublados y beber líquido en abundancia para compensar la pérdida que se produce.
Debemos aplicar el protector cada 2 hs. y siempre después del baño.
Respecto a los bebés, se recomienda no exponerlos al sol  y protejer a los niños con camisetas y gafas de sol.


Después de la exposición:
Hidratar la piel después de una ducha de agua tibia para recuperar la pérdida de agua y prolongar el bronceado.