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Hidratados en verano

Fecha de publicación: 02/01/2015
Prevención

Te brindamos consejos sobre todo lo que tenés que tener en cuenta para disfrutar del calor sin inconvenientes.

Con la llegada del verano, la pileta y las actividades al aire libre comienzan a ser mucho más frecuentes tanto en grandes y chicos. Sin embargo, las altas temperaturas propias de esta época nos obligan a tomar una serie de recaudos necesarios para disfrutar las vacaciones sin contratiempos. Además de cuidar nuestra piel y nuestra visión con protectores solares y lentes de sol, no debemos olvidar la importancia de mantenernos bien hidratados. 

Como nos refiere el Dr. Ávila López, Jefe de Guardia del Sanatorio, hay términos que usualmente  se utilizan en medicina como hiposmolaridad e hiperosmolaridad ¿Qué es esto? Son sinónimos de cuando el organismo se encuentra con exceso de agua o carencia de la misma. Nuestro cuerpo genera agua endógena o metabólica pero también necesita del aporte diario para poder mantener el equilibrio hídrico.

Las altas temperaturas pueden generar deshidratación, aún cuando no estemos tan consientes de ello. Es importante reponer los líquidos que hayamos perdido, de lo contrario podemos sufrir dolores de cabeza, mareos, debilidad, y cansancio generalizado.

En estos casos, se recomienda ingerir mucho líquido, incluso cuando no sintamos sed. Esto es fundamental sobre todo en los más pequeños, quienes no suelen tener el hábito de beber agua si no están sedientos. Una buena manera de mantenerlos hidratados es brindarles jugos naturales en lugar de bebidas muy azucaradas. Además, podemos agregar a su dieta mayor cantidad de alimentos que contienen grandes porcentajes de agua, como las frutas o verduras.

Habitualmente decimos que los alimentos sólidos aportan una cantidad cercana a 850 ml de agua, y que la ingesta de infusiones es cercana a 500  a 2000 ml. Por este motivo vamos a hacer hincapié en los alimentos sólidos para aumentar el aporte si hay poca tolerancia liquida.
En caso de tolerar  volumen se deberá  suministrar cerca de 2 litros los días cálidos y 3 litros los días muy calurosos.


Cuidado con los golpes de calor

La prolongada exposición al sol no solo puede generar deshidratación, sino también insolación o golpes de calor, los cuales implican un aumento de temperatura corporal a la vez que se pierden agua y sales esenciales para el funcionamiento del organismo. Para reconocer la enfermedad es necesario prestar atención a los síntomas, los cuales pueden variar entre cansancio, mareos, nauseas, calambres, fiebre, sudoración excesiva, piel seca, sed intensa o dolor de estómago.

Si se presentan uno o más de estos síntomas, debemos intentar en primer lugar bajar la temperatura corporal, ya sea con baños de agua fría y compresas de hielo. Además se sugiere suministrarle al enfermo mucho líquido y mantenerlo en un lugar fresco y ventilado  Si aún así los síntomas continúan, deben consultar de inmediato con su médico.